El Obispado de Sonora en el siglo XIX

Mapa del Obispado de Sonora
antes de su división
Como ya lo sabemos, la Iglesia Católica en Sonora durante el siglo XIX decayó enormemente. En primer lugar, la Guerra de Independencia de México le afectó profundamente; además, en el Norte del actual Estado ocurrió el desmantelamiento del sistema misional; y finalmente, no podemos olvidar la pérdida territorial por los Tratados de Guadalupe-Hidalgo y La Mesilla que afectaron al territorio Estatal además de a un Obispado que entonces comprendía a los actuales Estados de Sonora, Sinaloa y Ambas Californias.

Fray Bernardo del Espíritu Santo
Todo eso desembocó en que la infraestructura religiosa durante la primera mitad de ese siglo XIX fuera lastimera. Casi todos los Obispos residieron en Sinaloa, y  de todos ellos, únicamente Fr Francisco Rouset de Jesús, tercer Obispo de Sonora, llegó hasta Arizpe, además de nombrar a uno de los grandes personajes desconocidos de la historia de Sonora, Manuel María Moreno, como Gobernador de la Mitra. Fue tan importante su desempeño que resultó ser electo como representante de Sonora a las Cortes de Cádiz, que fueron las que diseñaron la Constitución de ese nombre y que regiría el funcionamiento de España y sus dominios durante la guerra de independencia.
Le seguiría el Obispo Fray Bernardo del Espíritu Santo, quien fue el único obispo que llegó hasta la parroquia de Tucsón en 1821, año en que se promulgó  la independencia. Además, en 1824 planteó  la necesidad de formar otro Obispado con las Californias, lo que no se llevó a cabo de inmediato sino hasta después de un larguísimo proceso que concluyó hasta 1895, cuando el Obispo López de la Mora lo entregó definitivamente al Rector de las Misiones de San Pedro y San Pablo.

Obispo Lázaro de la Garza
Pero antes, y regresando a nuestra crónica, debo mencionar el impacto que tuvieron en el Noroeste de México las pugnas entre el Estado y la iglesia,  manifestadas a través de las Guerras de Reforma, seguidas por el Imperio de Maximiliano.  Durante este periodo, otro de los Obispos que merece mencionar fue Lázaro de la Garza y Ballesteros, quien autorizó al cura de Hermosillo, Juan Francisco Escalante, para que realizara una visita a la Alta Sonora, y además erogó más de 200 mil pesos de su bolsa personal, promoviendo obras de educación y caridad en Sonora y Sinaloa.

Otro Obispo más, Jesús Uriarte, se distinguió principalmente debido a que fungió como Gobernador de la Mitra durante muchos años, entre 1854 y 1887, y a que durante su Obispado, éste fue dividido, estableciendo con su territorio a los de  Sonora y de Sinaloa.

Así, al empezar el porfiriato, el Obispado de Sonora contaba con 22 parroquias, además de las 6 de Baja California. Las que eran atendidas por 15 sacerdotes, y el resto se encontraban o muy ancianos o enfermos. En su gran mayoría, los templos de la región se encontraban en ruinas, ya que eran pocos los lugares con iglesias en buen estado; entre éstas se encontraban las de Aduana, Alamos, Arizpe, Cuquiárachi, Huásabas, La  Trinidad, Minas Nuevas, Oputo, y Oposura, aunque en 1887 sobrevendría el gran terremoto de Sonora que acabó con muchos templos o destechó a otros, como en el caso del templo de Oposura.  Además, por entonces no había en Sonora ni Catedral ni Seminario o Palacio episcopal como tampoco había Cabildo eclesiástico.

Este era el panorama de infraestructura religiosa para un Sonora que alcanzaba por entonces los 130 mil habitantes de los que la gran mayoría eran católicos practicantes, aunque la ausencia de sacerdotes había llevado al desarrollo de un catolicismo “sui generis” en el que la sociedad misma establecía sus normas morales, como la de las frecuentes relaciones consanguíneas.

Obispo Herculano López de la Mora
En 1887 era consagrado como Obispo de Sonora Herculano López de la Mora. El suyo, era un Obispado con parroquias enormes  territorialmente, las que forzaban a que un sacerdote se encargara de varias poblaciones. Así ocurrió, por ejemplo, con el párroco de Magdalena, Patricio Sánchez,  que se veía obligado a atender a cerca de diez mil almas distribuidas en  los poblados de un Nogales que apenas comenzaba, de Imuris, Terrenate, San Ignacio, Magdalena, además de Santa Ana y Santa Cruz, y administraba también a siete templos, cuatro de los cuales estaban en buen estado. Y en cuanto a infraestructura, esta región contaba con una capilla regular, la de Magdalena y dos sin terminar, entre las que estaba la de Nogales, que para agosto de 1889 ya había sido concluida y se encontraba abierta al culto.

Entre los problemas principales que encontró el Obispo estuvo el ya antiguo de la sociedad sonorense que había desarrollado normas sociales y religiosas especiales; la reticencia por pagar los diezmos que llevó, por ejemplo, a que el Obispo castigara a todo Alamos con la pena del Entredicho.

Los sucesos ocurrieron así: el 16 de junio de 1890 fue llamado el Padre Luis Bourdier, cuya parroquia era la de Alamos, para que asistiera religiosamente a: "un señor de la primera sociedad de esta ciudad [Ignacio S. Palomares]. 


Como dicho señor no había arreglado los diezmos hice ver a la familia la obligación estricta de dicho cumplimiento, todos a la vez se opusieron, hombres, mujeres, muchachos... Hasta me dijeron que si yo venía con esas pamplinas no había lugar a nada, que ni su padre ni ellos jamás consentirían en pagar los diezmos, que  me devolviera para mi casa..."

Un dia después, los familiares le dijeron que todos estaban conformes en que dejara morir en paz al enfermo, y dos días después fallecía éste y los parientes pidieron "un gran funeral" a lo que se negó el párroco, quien les dijo que no podía debido a que el difunto no había recibido los últimos sacramentos. El día siguiente, que fue domingo, el sacerdote salió de Alamos y, temiendo que intentaran los deudos enterrarle de cualquier manera, dejó cerrado el templo. Sin embargo, ésto no fue impedimento para los deudos. Por orden del Prefecto del Distrito el templo fue abierto y realizados los servicios fúnebres. Después de informar el Cura lo anterior al Obispo, le pidió que cerrara el templo para evitar que se repitiera la situación.

En consecuencia, el Obispo ordenó que Alamos quedara en Entredicho y que el párroco se cambiara a la cercana población de la Aduana, desde donde podría atender la parroquia, y así fue cómo el domingo 10 de julio fue cerrada la iglesia. 

Como consecuencia, sobrevinieron en seguida las protestas que se generalizaron. El mismo padre Bourdier le envió al Obispo una serie de peticiones de los alamenses en las que pedían que se levantara el castigo. Así fue cómo, el 21 de agosto se levantó la pena, aunque quedaron en : "Entredicho personal todos los que pidieron, mandaron y ejecutaron la profanación del templo, de cuya censura no podrán ser absueltos por sacerdote alguno sin nuestra licencia por escrito, que no daremos, mientras los culpables no den la satisfacción debida." Esa fue la razón por la que los miembros de la familia Palomares continuaron bajo la pena del Entredicho.

Sin embargo, continuó la reticencia de los sonorenses para pagar los diezmos, basada en esa  costumbre que ha se había entronizado, de no pagarlos durante muchos años, y de esta manera se fueron enrareciendo las relaciones entre la población y la institución religiosa, lo que llevó a que el Obispo López de la Mora emitiera una pastoral, el 5 de diciembre siguiente, diciéndole a los católicos sonorenses que quien había ordenado el cobro de los Diezmos era el Papa, y agregaba que "las almas están pereciendo, por no querer sujetarse a una ley que les parece muy nociva a sus intereses materiales..." 

Otro de los problemas a los que se enfrentó el Obispo fue el de la proliferación de la Masonería y el protestantismo. Sin embargo, tal vez el principal haya sido el de aquellos, funcionarios públicos o no, que habían jurado la Constitución de 1857, lo que prohibía la Iglesia.

Un caso merece ser mencionado, éste fue el del sacerdote Nieves E. Acosta, quien la juró siendo párroco de Chínipas, Chihuahua y en consecuencia sufrió un castigo de la institución religiosa. Se vino a Sonora en donde sirvió a las órdenes del Gobernador Pesqueira,, fue también director de la escuela de varones de Hermosillo, diputado local y juez de primera instancia y del ramo de lo civil. Poco antes de morir en 1892, le visitó un sacerdote buscando que se arrepintiera, al que respondió:

"Jamás espero arrepentirme de lo que he hecho. Si juré la Constitución y la defendí con mi vida dejando mis antiguos hábitos eclesiásticos, fue después de haberlo meditado mucho y estoy contento con lo que he hecho. Conmigo pierde el tiempo inútilmente. Quiero morir como he vivido, honrando a mi patria y bendiciendo la Constitución y las Leyes de Reforma."

Pbro Martin Portela
A pesar de todos estos problemas para la institución que representaba, el Obispo fundó en 1888 el Seminario Conciliar con 13 jóvenes, y entre 1888 y 1901 se ordenaron allí 21 sacerdotes, entre quienes destacaría Wenceslao Bautista (Nacido en Michoacán y ordenado en 1895), quien al ordenarse fue capellán de la Iglesia del Carmen, en Hermosillo, la que remodeló y amplió. Otro fue Martín Portela, (nacido en Tesopaco en 1866 y  ordenado en 1896), quien debido a su capacidad antes de obtener las licencias necesarias fue nombrado Vicerrector del Seminario y Secretario del gobierno Eclesiástico. 

También merece que mencione a Eustacio Egurrola (nativo de Magdalena y  ordenado en 1895), o José Encinas (nativo de Ures y ordenado en 1898); Pedro P. Serrano (nativo de Altar y ordenado en 1898) o Rafael Durazo (nativo de Granados y ordenado en 1901). Eran nombres que destacarían en  la historia de la Iglesia Católica durante el siglo XX que empezaba entonces.

Comentarios

  1. Una consulta, tendrá el dato de la fecha de construcción del Obispado que estuvo en la calle Serdán en Hermosillo?

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