El porqué de los límites internacionales definidos por el Tratado de la Mesilla

Me han preguntado por qué es tan extraño e innatural, por llamarle de algún modo, el límite entre México y Estados Unidos en la región que adquirió Estados Unidos por medio del Tratado de la Mesilla. Esta frontera, según el Tratado (como se ve en el plano que incluyo en seguida), parte de El Paso del Norte en la latitud de  “los 31° 47´, y corriendo hacia el Oeste a lo largo del mismo por 100 millas, para después voltear hacia el Sur hasta llegar en una sección meridiana hasta el paralelo 31° 20´. En seguida, dirigiéndose al Oeste a lo largo de este otro paralelo hasta el punto en que encuentra al meridiano 111°; y finalmente, desde este último punto, en una recta hasta otro, situado 20 millas inglesas río abajo de la confluencia entre el río Gila y el Colorado.

Los Límites según el Tratado

Las razones detrás de la determinación de esta frontera son sencillas y podemos entenderlas mejor si dividimos la “línea” en dos: la porción situada al Este del meridiano 111,° que obedeció a la razón de ser misma de la compra de territorio por parte de Estados Unidos, y la situada al Oeste del mismo que resultó de una condición de México para aprobarlo. Así, veamos esta frontera siguiendo estos criterios.

Sección más oriental de la frontera
En primer lugar, la sección que comprende el ángulo recto de la región oriental fronteriza resultó de que los Estados Unidos buscaban que quedara dentro de su territorio la ruta que había encontrado Philip St John Cooke, ruta que quedaba libre de las nevadas situadas más hacia el Norte y además no tenía montañas. Hubo otros exploradores, como el mismo William H. Emory, que visitaron la región, aunque en su caso, éste la recorrió siguiendo el cauce del río Gila, el que encontró lleno de cañadas laterales y muy agreste, lo que hacía esa ruta muy cara para construir un ferrocarril que la siguiera. 

Fragmento del Mapa de Disturnell
Otro problema, el principal, era que según el mapa existente más exacto de la región hasta entonces, o sea el mapa de John  Disturnell (un fragmento del cual igualmente incluyo en seguida de este párrafo), y que había servido para definir la frontera después del Tratado de Guadlaupe-Hidalgo, el río Santa Cruz (o Suamca como se le conocía aún entonces) se encontraba al Este del San Pedro, lo cual, como cualquiera que conozca esta región, sabe que no sucede en realidad.

Philip St Gorge Cooke
Philip St. George Cook, quien al mando de un batallón de mormones había recorrido aún más hacia el Sur que sus predecesores la actual región fronteriza en 1846,  y escribió un diario de sus viajes. Recordaría después haber recorrido el cauce del río San Pedro, de Sur a Norte, y en la proximidad del actual Benson haber alterado su recorrido para dirigirse hacia el Oeste.

Allí, sin mencionar que se encontraba en las márgenes del Río Santa Cruz, visitó Tucsón, para posteriormente seguir hacia el Noroeste hasta el Gila y de allí, por éste, hasta el Colorado.

En resumen, no había información confiable sobre la región por entonces, ya que por ejemplo Cooke, quien conoció la región por haberla visitado, no aclaró en su diario la ubicación verdadera del Río San Pedro, al que consideró el más importante, aunque en realidad el Río Santa Cruz  siempre estuvo más poblado en esa región.

Ubicación real de los ríos San Pedro y Santa Cruz

Así fue cómo en la mentalidad estadounidense se definió la ruta del ferrocarril, ruta que seguiría un territorio  lo más plano posible para bajar el costo de su construcción, la que posiblemente se construiría a partir del Paso y se dirigiría hacia el Oeste a lo largo de la frontera Sur de Nuevo México (que entonces comprendía también a Arizona), hasta llegar al río San Pedro, y en seguida continuaría por el cauce de este río, hacia el Norte, hasta su confluencia con el Gila, y de allí hacia el Oeste.

De esta manera, Estados Unidos buscó obtener el mayor territorio posible en esa región, y esa fue la razón por la que la frontera partió, como dice el Tratado de la Mesilla, de  “los 31° 47´, y corriendo hacia el Oeste a lo largo del mismo por 100 millas, para después voltear hacia el Sur hasta llegar en una sección meridiana hasta el paralelo 31° 20´. En seguida, dirigiéndose al Oeste a lo largo de este otro paralelo hasta el punto en que encuentra al meridiano 111.°

Al seguir esa ruta, un punto en la geografía sonorense, el rancho de Los Nogales, cumplía con dos cercanías: por un lado su ubicación sobre la frontera misma al cortarlo en dos el paralelo 31° 20´  y a la vez se encontraba muy cercano a la intersección entre el meridiano 111° con el paralelo 31° 20´.


La sección Oeste de la frontera
Por otro lado, la porción Oeste de la frontera, o sea la situada entre el meridiano 111° y el Golfo de California, fue resultado de la negativa rotunda por parte de México de vender a Estados Unidos la península de Baja California.

A esta condición contribuyó también el enviado extraordinario y Ministro plenipotenciario de México en Estados Unidos, Juan N. Almonte (hijo de José María Morelos y Pavón), quien abogó por que la península debería quedar comunicada por tierra con el resto del país. 

De esa manera fue cómo se dejó un “pasillo” a través del desierto sonorense, en realidad una franja de tierra en México que permite la comunicación directa entre ambas regiones. Y así quedó definida la porción más occidental de la frontera según reza el texto del Tratado, o sea la situada al Oeste del Meridiano 111°  “en una recta hasta otro, situado 20 millas inglesas río abajo de la confluencia entre el río Gila y el Colorado.

Antonio Azul
Por otro lado, ya hemos visto cómo el comisionado mexicano, José Salazar Ylarregui no pudo participar en la medición de la nueva frontera al ser arrestado por su adhesión a Santa Anna, por lo que estando en el Rancho Los Nogales el comisionado estadounidense, William H. Emory, recibió a una delegación de nativos, dirigidos por el Jefe Pima, Antonio Azul, quienes vinieron a esta hoy ciudad de Nogales a conferenciar con él acerca del efecto que tendría el nuevo Tratado sobre su tribu, por lo que el 29 de junio de 1855 firmó Emory un tratado de amistad con los Pimas aquí, en el entonces Rancho de Los Nogales.

Ese era un augurio del papel decisivo en las relaciones internacionales que tendría Nogales en años por venir.

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