El Cambio en Población que se avecina

No cabe duda. Causó resquemor la frase final de mi artículo anterior en esta serie, acerca del hecho de que según el Consejo Nacional de Población (CONAPO), la sociedad nogalense está proyectada a  tener una mayoría poblacional entre 45 y 64 años de edad, que son precisamente "las edades finales de la vida productiva, que van de 29,570 individuos el 2010, contra casi el doble, o sea 45,938 personas, el 2018…" 


Esta tendencia se convierte ya en secular, debido a que si comparamos el censo de INEGI de 2000 con el del 2010, se advierte ya la tendencia, cuando los adultos mayores a 30 años de edad pasan de ser, de 33.3% del total de la población el 2000, a casi la mitad, con 47.8% el 2010.

Además, el dato queda corroborado por las tendencias actuales, ya que las estimaciones poblacionales del mismo CONAGO (https://goo.gl/PyqQ33) nos dicen que el 2020 habrá 50,539 nogalenses que tengan entre 45 y 64 años de edad. En otras palabras, en Nogales para el 2020, habrá menos personas menores de 0 a 14 años, o entre 15 a 29 años de edad, que entre 30 y 64 años de edad. 

Ahora que si agregamos  en nuestros datos para el 2020, a quienes tengan más de 65 años de edad entonces, que se proyecta serán en Nogales 12,643; eso implicaría que 63,182 nogalenses tendrán más de 45 años de edad, o sea que alrededor de uno de cada cuatro nogalenses tendrá más de 45 años de edad. Es decir, tanto INEGI como CONAPO están de acuerdo en relación con las tendencias a futuro de nuestra población.

Tal vez no lo percibamos de momento, pero el cambio será radical e impactante a la vuelta de unos pocos años, ya que para mediados de siglo, apenas unos treinta años desde hoy, en los países desarrollados habrá el doble de personas de edad que de niños, mientras que Nogales, que se encuentra en uno de los países no desarrollados, sí compartirá con los países desarrollados esa característica, ya que la mayoría de la población nogalense de entonces será de edad mayor. Es decir, la mayoría de nuestra población nogalense será cada vez de edad mayor, y dependerá para su subsistencia cada vez en mayor intensidad,de los de menos edad, que también serán los menos en cantidad. La imagen familiar a la que estamos acostumbrados, cambiará radicalmente para entonces.

A la pregunta: ¿Ven, nuestras instituciones gubernamentales este escenario?  La respuesta es que más nos vale, porque esta situación avanza a pasos agigantados para convertirse en el más importante problema social del siglo actual. 

A escala mundial, según un estudio de la ONU, en su revisión de  2017, titulado: PERSPECTIVAS DE LA POBLACIÓN MUNDIAL, para el año 2050  se espera que la población de mayores a 60 años se duplique, y para fin de siglo se triplique (https://goo.gl/5EXrfk). Es decir, los ancianos y gente mayor constituyen el grupo de edades de mayor crecimiento en el mundo.

Los Estados Nacionales como nuestro país no cuentan con recursos para este enorme incremento poblacional, y México tendrá que poner su parte para intentar encontrarle paliativo a esta situación. 

Será necesario un cambio de mentalidad en relación con los mayores. Actualmente, en Sudamérica existe ya la tendencia a ver a la gente mayor como un recurso comunitario y no como una carga que la sociedad debe sobrellevar. El tiempo se nos echa encima, y dentro de poco no habrá solución a este nuevo problema.

A esta situación deberemos agregarle las soluciones que brotan, espontáneas, haciendo que el panorama social y económico que conocemos produzca sus propios cambios en forma espontánea. La estructura socioeconómica de Sonora, primero, y después del resto de México y del orbe, verá cambios como los que ya se aprecian en las regiones rurales de nuestra entidad. 

Los actuales asilos de ancianos, dedicados especialmente a sostener un estilo de vida, y los esquemas sociales y económicos de la gente mayor cambiarán totalmente por necesidad. Y esta región, que es frontera entre dos naciones, además de serlo entre dos regiones geográficas diferentes como no lo es otra en el globo terrestre, se convertirá en pionera en Iberoamérica en la utilización de novedosos esquemas sociales, políticos y económicos hacia nuestro futuro, de solución a esta problemática. 

Este desenlace ya se puede prever debido a diversos factores que inclinan el panorama hacia ese destino, los que son de fácil vaticinio. En primer lugar, en esta región se encuentran  ya enfrentados  los niveles de ingreso de la gente mayor, principalmente de países desarrollados, como Estados Unidos; en segundo también por parte de México está la carencia de recursos monetarios de nuestras juventudes para avanzar en la vida. 

Un ejemplo: en algunos pueblos del río Sonora, ya hay ancianos estadounidenses que se han retirado, casándose con algunas de las muchachas de la región, viviendo allí y produciendo descendencia. ¿Cómo serán conocidos esos hijos si no como semilla de nuevas formas de interacción cultural? 

Además, la participación social de esos adultos mayores en fiestas, en las mesas directivas de las diferentes escuelas, en el desarrollo de sus comunidades, por mencionar solo algunas de sus actividades posibles,  produce ya frutos que están modificando, por necesidad, los esquemas sociales y políticos de la región. 

Estos métodos que afloran actualmente, ¿son mexicanos, son estadounidenses? ¡Quién sabe! Lo único cierto es que los esquemas políticos y sociales que conocimos están siendo rebasados por una realidad que pone, frente a frente y cada vez en mayor grado y visibilidad, a fórmulas y métodos de dos sociedades que hasta hace poco tiempo, únicamente eran conocidos por una pequeña minoría.  

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