Los Pápagos

Después del de los Apaches, otro de los temas más recurrentes en la historia de Sonora, fue el de los Pápagos. Escribir este artículo me lo inspiró una entrevista radial que concedí el año pasado, hace unos días, a un locutor de Caborca, población de la antigua Pimería Alta. Hablaba con Luis Castillo sobre los Apaches y  le dije que, un capítulo olvidado de la historia sonorense fue el de esa tribu que se autodesigna como Ohódham (gente), mientras que el nombre de Pápago aparentemente es una corrupción de un calificativo que les dieron los misioneros a los Pima frijoleros, "papavi ohódham"

Los Pápagos siempre habían sido los únicos habitantes de esa región, de las más estériles de Norteamérica. Se distinguían en que,  dependiendo del acceso que tuvieran al líquido más preciado de la región, el agua, vivían en una o dos aldeas a lo largo del año.

Mapa de la Pimería Alta, dibujado por Kino,
mostrando el martirio del Pe.Saeta en 1695
Históricamente, primero vino el periodo misional, inicialmente Jesuita seguido por el Franciscano.  De este periodo misional se ha popularizado más la etapa Jesuita, cuando estuvo con ellos el misionero, Eusebio Francisco Kino (aquí puedes conocer más a fondo el tema de la primera entrada europea a la región),

No fue sino hasta inicios del siglo XIX cuando inició la población por los no indígenas de la que fuera Pimería Alta, a través de ranchos ganaderos y minas, así como también empezaron entonces los despojos a los Pápagos de tierras y, más importante, de agua.

Para 1832, le era aprobado un Decreto al Ayuntamiento de Altar que centralizaba el gobierno de los Pápagos dentro de la Pimería Alta; para llevarlo a cabo fue nombrado  Enrique Tejeda, de Caborca, quien había sido un antiguo Capitán de la Sexta Compañía de Pimas, como Comandante Militar de la Pimería Alta. Pero no sirvió este nombramiento. Tres años después, los gobernadores de Caborca y de  Pitiquito se quejaban de que los mexicanos habían expulsado a los Pimas de San Ignacio, y amenazaban con hacer lo mismo con los de Tubutama y de Sáric, y advertían que si no se le ponía un alto a esta tendencia, pronto habría ataques indígenas sobre estas comunidades. Sin embargo, no se le puso freno a estas invasiones  y sobrevinieron enfrentamientos con Pápagos en Altar, en las Montañas Quijotoa y hasta en Tucsón.

El Gral Urrea
Fue entonces cuando Santiago Redondo, quien era entonces Sub Prefecto de Altar, le comunicó al General José Urrea, acerca del levantamiento general de los Pápagos, "debido a los constantes insultos e incluso extorsiones que han sufrido de manos de mineros inescrupulosos, y debido a la enorme cantidad de agua que les ha sido robada para abastecer los campos mineros [y premonitoriamente advertía que] no puede haber duda de que el descontento de los Pápagos aumentará mientras más agua y tierras les sean robadas..." 

Pero tampoco esta advertencia logró frenar los despojos a los indígenas, y así fue cómo ese lustro de la segunda mitad de los 1830 se transformó en el escenario de una guerra no declarada.

Algunos Pápagos intentaron huir ya fuera al río San Ignacio, cerca de Magdalena, o bien a las aldeas Pima ubicadas en las márgenes del Río Gila, aunque hubo Pápagos que se quedaron en esa región y hasta empezaron a cometer robos de ganado, asaltos en los caminos y hasta asesinatos.

Y mientras ocurrían estos enfrentamientos en la región Pápago, en otro nivel iniciaba también en 1838 el duelo entre el General José Cosme de Urrea y Manuel María Gándara por el control político del  Estado, a través de la famosa "Guerra de Castas." Sin embargo, el espacio se me agota, por lo que continuaré en el siguiente artículo este tema.

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