Larcena Pennington

Cuando viajamos de Nogales a Tucsón, pasamos por un lado de la imponente Sierra de Santa Rita. Bueno. No son muchos los sonorenses que lo saben, pero allí ocurrió una de las historias más terribles que involucraran a los Apaches y una mujer. Fue una aventura tan espeluznante y famosa,  que el apellido de la mujer que participó en ella le ha sido heredado a la calle más céntrica tucsonense; la misma calle que, dándole una vuelta al centro de esa poblaciónm por el Norte, Oeste y Sur, lo rodea casi por completo. Es la Calle Pennington. Recordemos.

Larcena Pennington
Corría la mitad del siglo XIX y la región de la Alta Sonora como se le llamaba entonces, acababa de cambiar de nacionalidad, de mexicana a estadounidense tras la compra de la Mesilla, y el entonces Territorio de Arizona pertenecía entonces al Estado de Nuevo México.

El padre de Larcena Pennington, nombre de la muchacha, quien siguiendo la costumbre entonces de tener nombres bíblicos, Elías, había llegado a Arizona procedente de Texas. Dirigía  tres vagones de bueyes, a quienes seguía una manada de ganado. La madre había muerto en Texas mientras que Elías con sus doce hijos pasaron por Tucsón, un poblado que apenas llegaba al millar de habitantes, y en junio de 1857 se establecieron cerca de Fort Buchanan, al Noreste de Patagonia, población que entonces no existía. Allí, el padre se empleaba abasteciendo de pastura al Fuerte que había sido establecido para combatir a los Apaches, mientras que sus hijas cosían uniformes de los soldados. En ese lugar, Larcena conoció al leñador John Hempstead Page y se casaron en Tucsón durante la navidad de 1859.
Ruinas de Ft. Buchanan en 1914

Después, mientras que la familia se cambiaba a la casa de Manuel María Gándara, ex Gobernador de Sonora, en el actual Río Rico, al Norte de Nogales, Larcena lo hizo a Tucsón, mientras que su  marido vivía en el Rancho Canoa para poder trabajar en el pequeño aserradero que había establecido en la cañada central de Santa Rita, cañada que hoy conocemos como Cañón Madera. Era un aserradero que se encontraba cerca de donde hoy están las cabañas de renta que vemos cuando pasamos por el cañón.

Allí lo acostumbraba ir a acompañar Larcena, cuando en la mañana del 16  de marzo de 1860,  se encontraba sola en una tienda de campaña del campamento, únicamente acompañada por la niña Mercedes Sais Quiroz, cuando un perro que las acompañaba empezó a ladrar, y cuando Larcena oyó que la niña gritaba, intentó salir de la carpa con una arma que tenía para defenderse. Sin embargo, un grupo de cinco Apaches le arrebató el arma y la secuestró, llevándosela  rumbo al Norte.

Huerfano butte
Larcena, que estaba enferma de malaria, apenas lograba seguir a los Apaches, y cuando habían recorrido unos 20 o 30 Km éstos se cansaron y la intentaron matar. La arrojaron por un precipicio y la hirieron repetidamente con sus lanzas, arrojándole además piedras hasta que al quedar inconsciente pensaron que ya la habían matado. Por la descripción de ella, se ha deducido que el lugar era el conocido como Huérfano butte, que igualmente se divisa desde la carretera que une a Nogales con Tucsón.

Poco después John, que seguía la huella de los indios, pasó por el lugar, aunque Larcena estaba inconsciente y no se vieron, y cuando volvió ella en sí unos tres días después, tomó agua de una reciente nevada y se dedicó a intentar curar sus heridas, "golpes de piedras y unos dieciséis lanzazos en la espalda y brazos." Luego bajó de la sierra, aunque no reconoció la región. Así, pasaron los días, mientras que Larcena apenas podía ponerse en pie debido a su enfermedad y la pérdida de sangre, hasta que, para no alargar demasiado esta historia, logró llegar el 31 de marzo al campamento, en donde fue curada y poco después enviada a Tucsón, para que se recuperara.

Quisiera que esta historia tuviera un final feliz, aunque no fue así. Primero su marido fue muerto por los Apaches, y luego Elías, su padre, al igual que dos hermanos suyos, mientras que varias hermanas sucumbieron frente a la malaria o pulmonía. Larcena pasó el resto de su vida en Tucsón, en donde falleció en 1913, unos días después de la toma de Nogales por los revolucionarios que se oponían a Victoriano Huerta.

Comentarios

  1. Gracias por compartirla. Muy interesante y bien relatada.

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  2. Muy interesante, Alberto. Me acuerdo bien de la calle Penington en Tucson. Una history muy triste. La familia Penington, como la de Vd., sufrió pérdidas terribles a mano de los Apaches.

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  3. entonces porque entones le nombraron asi a la calle que haciendo esquina con la Stone albergo la tienda de Jacomes.

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