Un cerro en el camino viejo a Mascareñas

Saliendo de esta población de Nogales por el "camino viejo a Cananea,"  exactamente frente a  la Colonia Lomas de Anza y en inmediaciones del límite más occidental de la  antigua hacienda de Buena Vista, se puede reconocer la antigua garita que delimitaba la hacienda, formada por la hoy vieja construcción que sigue el estilo de esa antigua hacienda.

En el lugar se aprecian las dos columnas, una más alta que la otra que se repiten a lo largo de esa carretera, algunas de las cuales tienen pintadas las letras "B V." Es un camino que, siguiéndolo, lleva al viajero por San Lázaro y Santa Cruz, o bien pasando por el Puerto de San Antonio, se llega a Cuitaca y más allá hasta Cananea (la imagen de abajo es interactiva. Te puedes acercar, alejar y "caminar" a lo largo de la carretera en cualquier sentido).




En ese lugar, dos cerros llaman la atención por su extraña forma. Fueron excavados hace ya varios millones de años por el arroyo que se origina en el cercano parte aguas que se encuentra un poco más adelante de cuando se pasa la vía del ferrocarril que atraviesa la calle (la siguiente imagen también es interactiva).




Bueno, antes de que la población de Nogales se extendiera hasta esa región, cuando ni el ferrocarril ni el camino que hoy pasan por su falda existían aún, fue tomada una fotografía del segundo cerro, el más alejado a Nogales, la que nos ha quedado como recuerdo del paso por el lugar de la Comisión Internacional de Límites a la que le encargaron la tarea de reemplazar las mojoneras limítrofes entre ambas naciones. Hagamos memoria...

Fotografías de algunos obeliscos reemplazados.
Al centro el que se encuentra al Este de Nogales 
A finales del siglo XIX, cuando la población de Nogales alcanzaba apenas la decena de años de edad,  por acuerdo entre México y Estados Unidos fueron comisionados el Ingeniero Jacobo Blanco por México, y J. W. Barlow por Estados Unidos, para que encabezaran los equipos que reemplazarían las  mojoneras limítrofes entre México y Estados Unidos, tema que ya  cubrí en el artículo anterior de esta serie; la mojonera fronteriza nogalense estaba en el centro mismo de Nogales, a unos pasos de la Garita de la Calle Elias, y fue reemplazada por un obelisco de hierro, como se muestra en la imagen de abajo.

El Obelisco 122 en el centro de Nogales
El camino de Nogales rumbo a los ranchos del río Santa Cruz no seguía entonces cerca de la actual carretera. Esto  se debe a que la población de Nogales abarcaba por aquellos años desde la frontera hasta inmediaciones de la actual Plaza Hidalgo, y el camino de herradura que unía entonces a esta población con el río partía de la entrada de la actual Colonia Héroes, después la seguía para en seguida ir más o menos cerca de la frontera hasta el río Santa Cruz, en cuyas márgenes se extendían principalmente cultivos de maíz y de trigo, de los que este último se molía en el cercano molino de harina de Santa Cruz, contribuyendo, así, a la tradición ya antigua entonces del uso de la harina de trigo, mientras que el maíz, aparentemente más humilde, era molido y convertido en masa en las casas de la región.

El Ingeniero Blanco llegó a Nogales en enero de 1893 e inmediatamente empezó su trabajo de administración de la sección mexicana. Consiguió que el Consulado de México en Nogales, Arizona, erogara los gastos de la Comisión, oficina que se encontraba a cargo de Manuel Mascareñas, quien también era dueño de algunos ranchos sobre el Río Santa Cruz, era alcalde de la villa y le encargó al Ing. José González Moreno que realizara un plano de la nueva población, el que también nos ha quedado.

No existe certeza sobre quién tomó la fotografía del cerro en cuestión, ya que la Comisión traía a dos fotógrafos; el mexicano era el Ing. Luis R. Servín mientras que el estadounidense fue el Sr. Payne. Lo único que se sabe es que alrededor de 1894 uno de ellos estuvo frente a la falda de ese cerro, inmortalizándolo y tomó su fotografía.

Hoy, frente a la falda de estos cerros pasa la carretera que une a Nogales con el río Santa Cruz, y paralela a ésta también pasa la vía férrea que, partiendo igualmente de Nogales, comunica desde 1906 con Cananea, mineral que cuando fue tomada esa fotografía tampoco alcanzaba la población y renombre que hoy ha alcanzado, debido a que aún faltaban años para que Cornell Greene formara la compañía que explotaría las minas del lugar.



Si el lector o lectora acucioso se pone a comparar la antigua fotografía con la realidad actual, verá que el principal cambio que ha tenido el lugar son los árboles de encinas que antes cubrían los alrededores del cerro, y que hoy casi han desaparecido, al mismo tiempo que la pradera que cubría el suelo ha crecido; el primer factor debido a la acción continua de los leñadores nogalenses que aprovecharon la leña para calentar los fríos inviernos nogalenses, mientras que el segundo por la reciente ausencia de ganado que pastoree en esa región y que ha llevado a que se recupere la pradera; además, una cruz y un nicho adornan actualmente la protuberancia redonda que tiene  la cima, y reemplazan al arbolito que adornaba a ésta.

Sin embargo, más importante que eso,  aunque no se vea en la imagen de entonces, poco a poco, gradualmente, quien visita ese lugar de inmediato apreciará que esos cerros van siendo absorbidos  por el crecimiento de esta hoy ciudad. Fuera de ello, todo permanece igual. Son alrededor de ciento y veinte años que nos separan de ese momento fugaz en que se apretó el obturador de una cámara.

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