Diseño de la acción social de la Iglesia después de 1935

Después de lo ocurrido durante  el movimiento armado de 1935, regresamos a la crónica histórica del Obispado de Sonora y en particular al Obispo Juan Navarrete. Debido a que la persecución militar contra su persona era muy  intensa, ya que el gobierno intentaba apoderarse de él, en noviembre de 1934 se cambió a la Sierra Alta de Sonora, cerca de la frontera con Chihuahua, a Los Ciriales, en donde permaneció junto con sus seminaristas durante el resto de ese año y parte del siguiente, ya que el 22 de octubre de 1935, entre 300 y 400 soldados entraron a la Sierra por diferentes rumbos para capturarlos.

Debido a ello, y para evitar otro enfrentamiento como el ocurrido con el de Luis Ibarra Encinas que se daba también por entonces, en octubre 1935 el Obispo decidió cambiarse de lugar, y en diciembre de 1935 se escondió en la Cuesta del Castillo (al Norte de Nacozari), para en seguida irse en 1936 y 1937 a El Oasis, al Norte de Guaymas, y finalmente a La Parcela, en donde ocurrió la reanudación del culto.

De acuerdo a lo escrito por el Dr. Ignacio Almada Bay en su tesis de doctorado, ocurrió que la oposición social y política en Sonora contra las medidas antirreligiosas promovidas por el callismo a través de sus vertientes federal y sonorense, fue aprovechada por el nuevo Presidente de México, Lázaro Cárdenas, para apoyarse en esos opositores y así acabar con los vestigios del callismo en México y en Sonora.

El resultado fue que lo logró, aunque el apoyo que le prestaron éstos en Sonora le sería cobrado después al gobierno federal con la elevación al poder ejecutivo Estatal por Román Yocupicio, quien llevó a cabo una gubernatura que respondió de manera particular, sonorense, a las presiones socioeconómicas que imperaban en el país, entonces.  Pero no debo adelantarme.

De esta manera fue cómo los movimientos sociales que explotaron en Sonora durante aquellos tiempos pueden ser entendidos no únicamente desde una perspectiva religiosa sino también bajo la óptica del problema social y económico principal de aquel entonces, que era el papel que tendría el campo mexicano en el futuro,a través del reparto agrario, del latifundio y la ganadería, que desde siempre ha sido una actividad económica en la que Sonora desde ha destacado desde la Colonia. Y al mismo tiempo, la Iglesia fue relegada a un segundo plano por lo que sucedió en adelante.

Como prueba de lo anterior, está el hecho, en primer lugar, de que el Obispo Navarrete, como lo hemos visto, se opuso a aliarse al movimiento religioso de Luis Ibarra Encinas en la sierra alta sonorense, lo que constituye una prueba que no manejaban banderas similares. Esto se debía a que mientras que las aspiraciones del Obispo eran netamente religiosas, por otro lado el movimiento de Luis Ibarra puede ser entendido desde su vertiente agraria y no únicamente la religiosa. Por ejemplo, ya en el Manifiesto que firmara en la Sierra del Bacatete, en 30 de septiembre de 1935, Ibarra proclamaba su adhesión al Plan de Cerro Gordo, del 20 de noviembre de 1934, que era un movimiento armado que buscaba la libertad de conciencia, de enseñanza, de asociación, de prensa, de trabajo, así como de “garantías a la propiedad,”…

Y por otro lado, los movimientos armados de Pablo Rebeil en el Distrito de Magdalena, o de José María Suárez, también pueden ser entendidos, no únicamente como religiosos, sino como la oposición armada de un grupo de conservadores sonorenses, antiguos Vasconcelistas que intentaban conservar sus enclaves ganaderos, lo cual proclamaron ellos mismos. Como ejemplo de lo anterior tenemos que durante la revuelta de Suárez, el presidente Cárdenas envió a un hombre de sus confianzas, Ramón Beteta, a conferenciar con ellos. El resultado inmediato de estas conferencias fue la aplicación de los coeficientes de agostadero en los ranchos sonorenses.

Además, al concluir esa época de incertidumbre, el gobierno federal de México inició un programa integral que atacaba a fondo el problema ganadero del país. En 1934 se había promulgado el Código Agrario, el que ocasionó no pocos temores de que el gobierno federal intentase acabar con la iniciativa privada ganadera, y en consecuencia se disuadió la inversión ganadera en México, a lo que respondió el gobierno federal con la emisión en 1937 de un Decreto que adicionaba al Código Agrario, el que permitía la emisión de los Certificados de Inafectabilidad Ganadera que, como su nombre lo dice, hacía inafectable la propiedad privada ganadera hasta por 25 años, hecho que también fue aprovechado por los antiguos rebeldes del 35 para convertir en inafectables sus propiedades ganaderas, con el resultado de que entre 1937 y hasta 1959, fueron emitidos 740 Certificados de Inafectabilidad Ganadera en todo el país, y se afectaron a casi nueve millones de hectáreas, en las que se criaba casi un millón de cabezas de ganado. También, de entonces data la institución de las Asociaciones Ganaderas en México. No es éste, sin embargo, el tema principal de este texto, por lo que dejo aquí esta cuestión.

De esta manera fue cómo ocurrió, tal vez por diseño o tal vez por accidente, que la política nacional fue relegando únicamente a la dimensión religiosa las acciones del Obispo Navarrete y de la Iglesia Católica en Sonora. En adelante sería dirigida la acción social religiosa a las ciudades y no al campo, es decir se orientaría hacia lo urbano y no a lo agrario, y encaminaría sus acciones hacia la educación de las juventudes urbanas como manifestación de la puesta en práctica de la Encíclica “Rerum Novarum.”

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