El Obispado de Sonora

Ahora que acaba de ser establecido el Obispado de Nogales, vale la pena que recordemos la historia de los Obispados sonorenses, aunque aclarando que por razones obvias no es ésta una historia general del Obispado.

Un Obispo es un sacerdote que recibe el sacramento del orden sacerdotal en su máximo grado, que es el episcopado, y por lo tanto es visto como sucesor de los apóstoles; en otras palabras, es la dignidad eclesiástica encargada del control y vigilancia de las leyes de la Iglesia en su territorio, a las que se les llama el Derecho canónico.  

Además de los Obispos, también se encuentran los arzobispos, quienes son Obispos que recibieron ese título al hacerse cargo de una sede metropolitana o bien de un Arzobispado que por razones históricas debido a que tuvo en el pasado una importancia mayor o bien porque su extensión territorial no es susceptible para dividirlo en regiones más pequeñas no permite convertirlo en Obispado. Por ejemplo, el actual Arzobispado de Hermosillo ha alcanzado la categoría de Sede Metropolitana.

Ahora bien, históricamente, en el Sonora Colonial hubo una especie de contrato entre la Corona Española y el Papado, o sea el Concordato Real, por el que Sonora fue establecida como tierra misional para incorporar a los nativos al sistema socioeconómico que traían consigo los europeos. Esto nos dice que Sonora tuvo dos tipos de administración religiosa. 

Por un lado se encontraba y aún hoy lo hace la iglesia secular, que es la encargada de administrar las necesidades religiosas de la población, y cuyo ejemplo contemporáneo lo encontramos en la Iglesia Católica Sonorense moderna y cuya cabecera durante la mayor parte del periodo Colonial estuvo en el Obispado de Durango, antes de que se estableciera el Obispado de Sonora.

Por otro lado, también estuvo la iglesia Misional, que era la encargada de llevar la religión a la población nativa sonorense, en la que éstos “reducían” a los habitantes nativos que vivían dispersos en determinada región, concentrándolos en poblados de misión para enseñarles la religión católica, así como los medios de subsistencia económica que trajeron los misioneros y a contribuir al sostenimiento y crecimiento del sistema y territorio misionales. 

Obviamente, estos dos sistemas religiosos se regían por normas diferentes, aunque el intentar cubrirlas extendería demasiado este artículo.

Como digo anteriormente, por entonces Sonora era una región que se encontraba bajo la administración misional de órdenes de religiosos que en el caso de nuestra región fueron los Jesuitas quienes, meramente por cuestiones geográfico administrativas, dividieron las diferentes regiones preexistentes de Sonora (que se diferenciaban principalmente por su lenguaje) en diversos Rectorados.  De esta manera, la región del Norte de Sonora y Sur de Arizona, que es donde vivimos, debido a que originalmente estuvo poblada de indígenas que hablaban Pima, fue llamada Pimería Alta, y esta región posteriormente los Jesuitas la dividieron en diversos rectorados, como el de Dolores en donde vivió y trabajó el misionero Eusebio Francisco Kino, quien llegó a la Pimería Alta en 1687 y falleció en 1711.
Obispo de los Reyes

Así transcurrió el periodo colonial, y en 1767, los Jesuitas fueron expulsados de los  territorios españoles y sustituidos en 1768 por otra orden misional, los Franciscanos, con la salvedad de que estos últimos tenían menos control sobre la vida indígena. Entre los franciscanos que llegaron a sustituir a los Jesuitas estuvo el Franciscano Fray Antonio de los Reyes, quien se estableció en la misión de Cucurpe, situada al Sureste de Magdalena.

Poco tiempo después, el Papa Pío VI, por medio de la bula “Inmensa Divinae Pietatis”, fechada el 7 de mayo de 1779 designó para la administración de las necesidades religiosas de los sonorenses no indígenas, o sea aquellos que no se encontraran sujetos al régimen misional, al nuevo Obispado de Sonora, el que comprendería a Sonora mismo, junto con las provincias de Sinaloa, segregándolas de la Diócesis de Durango (recordemos que la nomenclatura cambia a través del tiempo, pasando por Nueva Galicia, Nueva Vizcaya), y las Californias, que se quitaron de la de Guadalajara. Además, se estableció que la Sede Episcopal debería ser la ciudad de Arizpe y la nueva Catedral, el Templo de Nuestra Señora de la Asunción, y fue escogido como su primer Obispo el mismo Fray Antonio de los Reyes.

El Obispado de Sonora
Este, que se encontraba entonces en Europa, fue consagrado el 11 de diciembre de 1780 y se instaló en el Real de la Concepción de los Álamos, a pesar de que aunque Arizpe había sido establecida como la sede asignada, debido a su lejanía del resto de la Diócesis y al peligro que representaban sobre esa región los frecuentes ataques de los indios Apaches, Jocomes y Janos, el Obispo se quedó en Alamos a vivir.

Un sobrino suyo, Antonio Almada, quien era ingeniero de minas, logró el auge minero de Alamos y fundó una familia que ha tenido importantes representantes en Sonora.

El bispado de Sonora ha tenido una vida difícil durante su historia, de la que trataré en artículos posteriores, por lo que fue hasta 1959 cuando se creó la diócesis de Ciudad Obregón, y el 1 de septiembre del mismo año la diócesis de Sonora cambió su nombre a diócesis de Hermosillo. Además, hasta 1964 fue erigida la diócesis de Tijuana, y dos años después la de Mexicali.

Pasaron los años, y ahora esta región fronteriza entre Sonora y Arizona alcanza la categoría de otra diócesis más, con sede aquí, en Nogales, y la nueva Catedral temporalmente, mientras se construye una nueva catedral, estará en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. 

Este nuevo Obispado comprende a 17 municipios: Agua Prieta, Altar, Atil, Bacoachi, Caborca, Cananea, Fronteras, Imuris, Naco, Nacozari de García, Nogales, Oquitoa, Pitiquito, Santa Cruz, Sáric, Trincheras y Tubutama. Sus límites son, al Norte la Diócesis de Tucsón, en Arizona; al Sur el Arzobispado de Hermosillo y el Obispado de Obregón, al Este la Arquidiócesis de Chihuahua y el Obispado de Ciudad Obregón, al Noroeste la diócesis de Mexicali y al Oeste el Golfo de California, según se aprecia en el plano adjunto.

Dentro del nuuevo Obispado hay actualmente 25 parroquias, 10 rectorías y 153 Centros de Evangelización, divididos en cuatro decanatos; además, hay once institutos de educación y doce de asistencia.

Por otro lado, las características geográficas y religiosas de la sociedad del nuevo Obispado son: una superficie de 44,243 Km cuadrados, con una población de 483,180 habitantes, de los cuales nominalmente el 79% profesa la religión católica, el 9% son protestanes o evangélicos y el resto no declaran pertenencia religiosa alguna. Sin embargo, debemos agregar que estas cifras sociales son extremadamente dinámicas, debido a que la nuestra es una región con altísimos niveles de emigración.

Se puede inferir cual será el centro de atención del nuevo Obispo recordando su biografía. Así, si recordamos que el nuevo Obispo, Leopoldo González González, durante los años entre 2009-2011 fue secretario general de la Conferencia Episcopal para América Latina (CELAM), que en la Conferencia Episcopal mexicana fue elegido para el trienio 2006-2009 como secretario general y para el trienio 2012-2015 presidente de la Comisión para la Pastoral Social. 

Es decir, seguirá las enseñanzas sociales establecidas en la Encíclica Papal del 15 de mayo de 1891, de León XIII, Rerum Novarum, también conocida como “Derechos y Deberes del Capital y Trabajo” en la que se determina la necesidad de un alivio a la miseria ejercida sobre la mayoría de la clase trabajadora,  rechazando igualmente al socialismo y al capitalismo sin freno.



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