Las negociaciones de Gadsden en México

GADSDEN
El entonces recientemente firmado Tratado de Guadalupe-Hidalgo (Febrero 2, 1848), no había resuelto la situación de contar con una frontera adecuada para los Estados Unidos. Ellos buscaban unos límites naturales que funcionaran como frontera, una salida ferroviaria transcontinental al Pacífico que también contara con un puerto marítimo adecuado, mientras que México continuaba siendo afectado por las depredaciones de los Apaches en Sonora que habían continuado, lo que agravaba el cumplimiento del Artículo XI, que responsabilizaba de éstas a la nación vecina.

Como consecuencia, Estados Unidos intentó adquirir más territorio de su vecino por lo que envió a nuestro país, en julio 1853, a James Gadsden para llevar a cabo las negociaciones que resolvieran esos problemas.

Gral. Almonte
Por entonces, abundaban las quejas sobre el desempeño de los cónsules estadounidenses en México, como el caso del intento del cónsul estadounidense en Guaymas, Juan Alfredo Robinson, que apoyó la expedición filibustera de William Walker a Baja California y Sonora, de la que ya hablé. Además, el legajo de quejas que llevaba Gadsden había sido aumentado considerablemente por los reportes sobre depredaciones indígenas en la frontera, mismos que el Ministro Plenipotenciario de nuestro país en Washington, el Gral. Juan Nepomuceno Almonte, había sometido a la consideración de sus superiores.

Gadsden se entrevistó en la capital del país con el Secretario de Relaciones Exteriores, Manuel Díez de Bonilla, y al escuchar las quejas que había incorporado Almonte al expediente, Gadsden fingió tener una total ignorancia del caso ya que, dijo, pensaba que ese problema había sido ya resuelto.

El 18 de septiembre, Gadsden le informaba al gobierno estadounidense que en su opinión Bonilla estaría dispuesto a aceptar una nueva frontera, y agregaba que Estados Unidos no aceptarían una cesión territorial situada más al Norte del paralelo 31° N. mientras que una frontera situada más hacia el Sur: “serviría mejor los propósitos de restringir las incursiones indígenas… y promovería la armonía de la vecindad fronteriza.” Además, ese mismo día envió a Washington un comunicado privado en que decía que Estados Unidos debía amenazar con sus acciones, incrementando la fuerza militar fronteriza, “debemos mostrar, en toda ocasión la espada, aunque cubierta con el olivo,” y el 3 de octubre enviaba otro comunicado, en el que decía que si para fin de año no había logrado resultados positivos, se le llamara a Washington, y que simultáneamente se realizaran “preparativos en la frontera,” los que, calculaba, resolverían los problemas para que México cediera en su reticencia, aunque esto no fue necesario, como veremos después.

Los días 25 de septiembre y 2 de octubre, Gadsden se entrevistó con el Presidente Santa Anna, y allí le dijo al presidente de México que ninguna potencia podría detener que con el tiempo todo el Valle del Rio Grande quedara bajo el mismo gobierno, y que los Estados [mexicanos] de Tamaulipas, Nuevo León, Coahula (sic) y  Chihuahua se convertirían en territorio estadounidense, ya que a través de revoluciones sucesivas o de compras se unirían a Texas. Todo esto lo realizó mientras esperaba instrucciones concretas de Washington, las que finalmente llegaron el 11 de noviembre cuando el licenciado Christopher L Ward, enviado que había memorizado sus instrucciones, se las comunicó a Gadsden. La razón de la memorización, en vez de que fueran por escrito, era que Estados Unidos temía que si caían en manos inadecuadas le costarían la presidencia a Santa Anna y en consecuencia echarían por los suelos las negociaciones, lo que a Estados Unidos no le convenía.

Las instrucciones de Ward eran ofrecer seis opciones de compra, presentando primero la de mayor territorio, y así sucesivamente hasta que se ofreciera aquella con menor superficie. En la mayor venta de terreno, estaba dispuesto a pagar 50 millones por buena parte del Norte de Coahuila, Chihuahua, Sonora y Baja California; y así sucesivamente hasta llegar a la oferta de las dos mínimas: en la primera de ellas, se ofrecerían 15 millones por una frontera que siguiera el paralelo 31° 48’ desde El Paso hasta el Golfo de California (o sea exactamente sobre el delta del Colorado); y si México no aceptaba, se podía ofrecer la misma cantidad por una frontera que siguiera el paralelo 32,° la que garantizaba al menos la construcción de una línea férrea, aunque en ambas se buscaba un puerto sobre el Golfo de California.

Continuaron las deliberaciones con el Ministro Díaz de Bonilla, hasta que en la sexta reunión se llegó al acuerdo. Este consistió en los siguientes puntos:
  • debía conservarse el secreto del acuerdo hasta que se obtuviera la ratificación estadounidense; 
  • se dejó la frontera que concediera el terreno necesario para la construcción del ferrocarril bajo la jurisdicción estadounidense; 
  • se abrogó el artículo XI;  
  • se concedió el derecho a navegación a Estados Unidos por el Colorado y el Golfo de California; 
  • y se comprometieron las partes a terminar con las acciones filibusteras en México. Así de importante consideraban ambas partes este problema.
Todo sería a cambio de 15 millones.

Vendrían después las deliberaciones del Congreso Estadounidense en las que intervinieron otros factores, tales como la lucha interna en la nación vecina entre los Estados del Norte contra los del Sur y que constituiría una antesala a la Guerra Civil, además de las pugnas mexicanas entre liberales y conservadores, federalistas contra centralistas, aunque como el tema es muy complejo y no dispongo del espacio necesario, lo dejaré para otro artículo.

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