Sonora en la víspera del Tratado de la Mesilla

Ya vimos en el artículo anterior cómo, en la primavera de 1853, fueron embarcados y enviados a San Francisco los filibusteros franceses que había dirigido Gastón de Raousset-Boulbon para atacar Hermosillo.

México acababa de pasar por una revolución que llevó a la renuncia del Presidente Mariano Arista, y en marzo de ese 1853 asumía nuevamente el poder Antonio López de Santa Anna. De inmediato, y en vez de adoptar el sistema federal disolvió al Congreso Nacional, abolió las legislaturas estatales reduciendo a los Estados a Departamentos y adoptó el sistema centralista.  En Sonora, Manuel María Gándara había sido electo gobernador en diciembre de 1852 y nombrado Comandante General poco después, mientras que se recrudecían los asaltos Apaches y continuaba el interés mundial por los minerales de La Arizona.

William Walker
Como consecuencia del interés mundial por nuestra región, poco antes de la firma del  Tratado de La Mesilla, otro aventurero más, William Walker, había llegado a Guaymas, y el 17 de octubre de 1853, en la fragata “Carolina” perteneciente al cónsul estadounidense en Guaymas, Juan Alfredo Robinson, Walker con 45 hombres se hicieron a la mar, cruzaron el Golfo de California y en La Paz, Baja California, detuvieron al gobernador de la península y proclamaron la independencia de Baja California, y aunque inicialmente tuvieron éxito, la resistencia, tanto de México como de Estados Unidos, lo forzaron a abandonar su aventura (Abajo muestro la bandera de Walker de la república de Baja Califonia y Sonora). 

Después de este fracaso, Walker se apoderaría de una porción de Centroamérica, en donde estableció una nación, aunque poco después fue detenido y fusilado. Una película estadounidense reciente, Walker, cuyo actor principal fue Ed Harris, describe esta segunda etapa de la aventura centroamericana de Walker.





Pero regresando a nuestra crónica, tenemos que el resultado de la expedición de Walker a California fue que las quejas contra Robinson del Prefecto de Guaymas, Cayetano Navarro, llevaron a que el gobierno estadounidense le quitara el consulado guaymense. 
Bandera de Walker para Sonora y Baja California

La razón que se dio fue como castigo por haberse involucrado en esa aventura filibustera personal mientras se negociaba el Tratado de la Mesilla,  y por lo tanto ponía en peligro esta negociación. Sin embargo, después de ser desconocido como cónsul estadounidense en el puerto, pasarían años enteros en los que Robinson continuó manejando las importaciones a Guaymas, debido a que se negó a entregar los sellos consulares. Fue un periodo durante el cual los siguientes cónsules estadounidenses en el puerto, por causas desconocidas, renunciaban en cuanto eran nombrados.

Cuando intentamos buscar la causa de esta situación, encontramos que un sobrino de Robinson, Thomas Robinson Warren, nos dice en sus memorias, Dust and Foam, cómo se llegaba a un acuerdo entre el capitán de algún barco que llegara al puerto guaymense, quien atracaba afuera del mismo y enviaba una lancha a negociar el papeleo de su mercanía. Así se llegaba a un acuerdo con las autoridades del lugar en el que se declaraba menos mercancía que la que en realidad era transportada, logrando de esta manera un ahorro de alrededor del 50% de lo que debía de pagarse en impuestos. Y si alguien se negaba a cooperar en este negocio, de acuerdo con Robinson Warren: “se le expulsa del pueblo por la fuerza, se le sube a algún barco en la noche y se le envía lejos, junto con una tenue advertencia de que su pagará con su vida en caso de que regrese.”

Pasaron los días y Santa Anna, preocupado por la posibilidad de que se formaran otras expediciones angloamericanas como la de Walker, el 31 de enero de 1854 invitaba a extranjeros que no fuesen angloamericanos a entrar al servicio militar en México por un año y, terminado este periodo, podrían continuar en el ejército o convertirse en colonos. Esta noticia fue bienvenida por el francés Gastón de Raousset, quien para entonces había regresado a San Francisco, y el que, al recibir esa información, reunió a más de trescientos hombres entre franceses y alemanes y se preparó a venir al Estado.

El 25 de junio de 1854 partía de San Francisco, cinco días antes de que entrara en efecto el Tratado de la Mesilla, y desembarcó en un Sonora ya legalmente partido en dos, el 1 de julio, aunque todavía soñaba, según lo mencionara en dos cartas que les envió a sus correligionarios, en hacerse justicia, en buscar la libertad de los sonorenses de su gobierno, además de conseguir la riqueza de La Arizona para sus hombres. Así fue cómo atacó Guaymas en 1854 aunque fue rechazado y derrotado el 13 de julio por las fuerzas nacionales que encabezaba el Gral. José María Yañez, y ahora sí, en esta segunda ocasión fue llevado a juicio y fusilado el 12 de agosto siguiente en el mismo puerto.

Sin embargo, aún entonces continuaron las aventuras filibusteras que intentaban apoderarse del Norte de México, como la de Jean Napoleon Zerman, quien intentó tomar La Paz, Baja California, en noviembre de 1855, aunque fracasó. A esta expedición le seguiría la dirigida por Henry Alexander Crabb, quien entró a Sonora y atacó a Caborca en 1857 con el resultado de que también falló, perdiendo la vida. Su meta había sido igualmente hacerse de las míticas minas de Planchas de Plata de La Arizona como antesala para apoderarse de todo Sonora. De esta manera, la región de Planchas de Plata y de La Arizona (situada al suroeste de Nogales, Sonora, que entonces no existía) fue el imán de las ambiciones territoriales de las potencias mundiales de mediados del siglo XIX, como Francia, mismas que fueron uno de los principales motivos del imperio de Maximiliano en México.

Pero este es otro tema, y además el espacio se me acaba, por lo que en el siguiente artículo haré la crónica de las negociaciones que resultaron en la delimitación de la frontera actual entre nuestras dos naciones.

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