La agricultura prehispana y la colonial

Entre los mitos que se han difundido sobre Kino está el de que fue el primer europeo que entró a la Pimería Alta y que además introdujo la agricultura a esta región.

Sin embargo, el año en que nacía Kino en Europa, 1645, un español, Juan Mungía Villela, establecía un rancho ganadero en el actual municipio de Santa Cruz, mientras que otro español, José Romo de Vivar, hacía lo mismo en el actual San Lázaro. Ambos llegaron a esta región a mediados de ese siglo durante el intento de Pedro de Perea de colonizar esta región.

Pero aparte de esas consideraciones está el hecho de que, en lo práctico, el proceso misional consistió en reemplazar los modos de producción que habían subsistido durante el periodo del precontacto por los métodos europeos. Así, mientras que el indígena había aprendido, a través de incontables generaciones, a entender el medio natural (sus sequías, sus inundaciones, etcétera), cambiándose a donde había más agua dependiendo de la temporada para sembrar o recolectar, mientras que el misionero veía al nomadismo como retrógrado.

Y mientras que el indígena entendía como complementarios entre sí la recolección de los productos naturales y la siembra, el misionero se basó esencialmente en la agricultura, y así fue cómo llegó a considerar como bárbaro al nomadismo frente a la "reducción" a un poblado fijo de la población nativa. Esto ocasionó en la práctica un énfasis en los aspectos empírico-económicos en nuestra región.

Esto se debía a que, en relación con la fuente de alimentos indígenas, sin tomar en cuenta la cacería, su alimentación variaba mucho dependiendo de si había o no agua en la región en particular de que se tratase. Así, si había el líquido, se desarrollaba una mayor dependencia de la agricultura de subsistencia o en caso contrario se recurría en mayor grado a la recolección de plantas nativas. De cualquier manera, como nos recuerda un académico que ha estudiado esta situación: “bajo las mejores circunstancias no más de un 40% de su alimentación procedía de cultígenos.

Y si nos fijamos en los productos que se consumían, antes de la llegada de los misioneros, los nativos Ojódam (o gente) como se conocen a sí mismos, practicaban el cultivo del maíz (huun) en al menos seis variedades, sembraban frijol tépari (bavi) de donde se deriva el nombre de papabotas (pápagos), como se les llamaba a los pima frijoleros, o bien sembraban frijol común (muun), calabazas (haal), así como aprovechaban una variedad de  gramíneas que crecían en los cauces de los arroyos o en las acequias que habían construido para sus siembras; eran productos tales como el quelite y el amaranto (giad y kovi), que consumían como vegetales tiernos o ya maduros.

Pero eso no era todo, también recolectaban las péchitas o vainas del mezquite  (kui), que se producen durante dos temporadas, a finales de junio y a mediados de septiembre. De esta manera, cuando maduraban, recogían del suelo sus vainas (vihog), las molían y consumían como harina, como bebida mezclada con agua (vau), o bien la cocinaban en unos pasteles (komkiched) que guardaban para las épocas de escasez de alimentos.

Además de eso, al empezar el verano y antes de que llegaran las lluvias anuales (que inician por lo regular junto con el mes de Julio), también recogían el fruto de la pitaya y del saguaro (haashan), el que comían fresco o bien secaban o convertían en jalea (sitol) que se podía conservar durante meses o aún años.

Era tan importante esta recolección desde un punto de vista ideológico, que el calendario Pima giraba alrededor de la fecha en que madura este fruto, ya que para ellos marcaba el primer mes del ciclo anual, conocido como (haashan bajidag mashad) luna de cosecha del saguaro. Pero eso no era todo, fermentaban parte de este jugo con el que hacían vino de saguaro (navait) el que, al menos en épocas prehispanas consumían, emborrachándose, aunque no era ésta una mera ocasión de emborracharse, sino que le daban a ese ritual un significado propiciatorio de las lluvias de verano que, como digo anteriormente, era una temporada anual que aún hoy empieza en julio en esta región.

Son muchos los alimentos que los indígenas sembraban o colectaban, por lo que únicamente mencionaré a otro producto natural que consumían: las cabezas de agave (au), las que recogían y rostizaban en hornos subterráneos para comerlas después.

A estos frutos regionales que se consumían durante la época prehispana debemos agregarle la principal introducción europea agrícola, el cultivo del trigo que, como lo sabemos, tolera el frío y crece durante los meses invernales cuando el maíz, el frijol y la calabaza no se pueden producir.  Es decir, mientras que la produción alimenticia nativa se practicaba esencialmente durante el verano, en la introducida por el misionero se aprovechaban los meses invernales.

Así fue cómo, después de que se introdujo el cultivo del trigo, los nativos de la región podrían ahora producir doblemente durante el año. Sembraban el trigo en noviembre o diciembre, o sea después de la cosecha anual de productos nativos, y esperaban a que madurara para mayo o junio, antes de las lluvias veraniegas, mientras que durante el verano y otoño se aprovechaban de los productos naturales del medio  sonorense. Es decir, el periodo en que las péchitas no maduraban aún y no había todavía producción de frijol y maíz.

En otras palabras, el calendario de producción anual del trigo vino a complementar perfectamente al prehispano, aunque al mismo tiempo alteró el ciclo natural de los alimentos que los indígenas habían producido desde tiempos inmemoriales.

Esa fue la principal razón por la que el cultivo del trigo produjo una verdadera revolución productiva, tecnológica, dietética y calendárica para los indígenas; temas, todos, amplísimos para cubrirlos en este artículo. Baste decir que en adelante, esta gramínea vendría a sustituir al maíz como principal fuente de harina en nuestra región, incorporando otra fuente de carbohidratos a la dieta nativa.  Pero también, poco a poco, gradualmente, vino a reemplazar el seminomadismo practicado inmemorialmente en Sonora, por el vivir en ranchos y pueblos, por la convivencia más cercana entre sí.

Y desde el punto de vista dietético, en adelante, esta gramínea vendría a sustituir al maíz como principal fuente de harina en nuestra región, incorporando otra fuente de carbohidratos a la dieta nativa, heredándole la costumbre moderna de la tortilla de harina a nuestra dieta norteña. 

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