Obregón

Son incontables las formas de analizar, de entender la participación social de los héroes revolucionarios mexicanos. Así, estaría la de su región de origen, o bien la de su capacidad para formar grupos de poder, su habilidad para los negocios, la de redistribuir la riqueza generada, la que tenían para construir estructuras socioeconómicas regionales o nacionales, o igualmente podríamos verlos desde una dimensión tan sencilla como el nivel de heroicidad que hayan alcanzado. Así, el héroe supremo de la revolución indudablemente fue Álvaro Obregón. Debajo de él se encuentran Emiliano Zapata, Pancho Villa y el mismo Venustiano Carranza, aunque cuando nos preguntamos porqué es así, no encontramos una respuesta adecuada. Por eso me restringiré en esta ocasión al éxito en los negocios de Álvaro Obregón, arquetipo de la revolución mexicana.

Una de principales características de Obregón destacó de entre los demás revolucionarios, haya sido su capacidad de burlarse de sus acciones y posibilidades. No en balde uno de los capítulos del bosquejo biográfico suyo, escrito por Enrique Krauze, se llame: La Vida es Broma, y posiblemente la anécdota que mejor ilustre esta característica de Obregón, sea la que inventó él mismo para contarle a Blasco Ibañez, en 1919, durante una entrevista:

"A usted le habrán dicho que soy algo ladrón. Sí, se lo habrán dicho indudablemente. Aquí todos somos un poco ladrones. Pero yo no tengo más que una mano, mientras que mis adversarios tienen dos... ¿Usted no sabe cómo encontraron la mano que me falta? Después de hacerme la primera cura, mis gentes se ocuparon en buscar el brazo por el suelo. Exploraron en todas direcciones, sin encontrar nada. ¿Dónde estaría mi mano con el brazo roto? "Yo la encontraré," dijo uno de mis ayudantes que me conoce bien: "ella vendrá sola. Tengo un medio seguro." Y sacándose de un bolsillo un azteca,.. lo levantó sobre su cabeza. Inmediatamente salió del suelo una especie de pájaro de cinco alas. Era mi mano que, al sentir la vecindad de una moneda de oro, abandonaba su escondite para agarrarla con un impulso arrollador." 

Bueno, intentando analizar el desempeño de Obregón, el historiador Has Werner Tobler nos dice que éste,  “un típico self made man, había logrado superar su modesto punto de partida hasta 1913, llegando a ser propietario de una empresa agrícola mediana, de un rancho de unas 150 ha.” y cita al cónsul estadounidense en Guaymas, quien escribió en 1918 que su posición federal “le autorizaba el recaudamiento de 50 centavos por saco de garbanzo cultivado en todo el territorio sur de Sonora; y gracias a este arreglo con las autoridades estatales, que de ningún modo era justo frente a los demás mayoristas, obtenía una ganancia calculada entre 60,000 y 100,000 pesos.”

Ya he hablado en otras ocasiones del ascenso de Obregón, aunque merece que repita en esta ocasión los aspectos más relevantes de su desempeño. Inició su carrera de las armas durante el periodo constitucionalista de la revolución precisamente aquí, en Nogales, con la toma de esta entonces villa, el 13 de marzo de 1913. El triunfo en la conquista de la frontera sonorense con Estados Unidos lo llevó después a dirigir la campaña del Pacífico contra Victoriano Huerta, la que culminó con la toma de la ciudad de México y su subsecuente nombramiento como Secretario de Guerra bajo el gobierno de Carranza, puesto al que renunció en 1917 para retirarse a esta frontera de Nogales,  a iniciar su vida como hombre de negocios, que es precisamente el periodo al que se refiere  el análisis de Werner Tobler.

Sin embargo, un documento que tuvo a bien enviarme Horacio Vázquez del Mercado de Guaymas, documento que le entregó el Cronista de Navojoa, Manuel Hernández Salomón, a quien se lo proporcionó el Dr. Ignacio Almada Bay, consiste en una serie de informes oficiales, escritos confidencialmente por supuesto, dirigidos al Departamento de Estado por el cónsul estadounidense en Guaymas, los que nos describen la riqueza que había acumulado Obregón para el momento de su asesinato. En estos informes se encuentra una instantánea financiera suya, realizada en un momento crucial, y que manifiesta un total desacuerdo con los párrafos iniciales de este artículo.

El cónsul estadounidense Herbert Bursley, el 8 de agosto de 1928, un mes después del asesinato del caudillo, les informaba a sus superiores que las principales empresas de Álvaro Obregón habían sido: Obregón y Compañía, S. en C. (Cajeme), con capital de $2,300,000.00 pesos, distribuidos en 2,300 acciones, de las que Obregón tenía el 80% e Ignacio Gaxiola el 20%. Y aquí merece recordar que Ignacio Gaxiola, primo de mi abuela, junto con su esposa, Armida Loaiza, fueron los dueños de la famosa Quinta Armida de Nogales, edificio que estuvo situado donde actualmente se encuentran las oficinas centrales de Teléfonos de México.

Las actividades económicas de Obregón y Compañía eran agrícolas, materiales de madera para construcción y un negocio de automóviles.  Además, en Navojoa estaba la Oficina Comercial Obregón, que manejaba granjas, un molino de harina de trigo, productos de petróleo, mercadeo, bancos, minería, compra de terrenos, empacadora y otras inversiones.

Sin embargo, estas empresas tenían muchas deudas las que, comentaba el cónsul, si en vida de Obregón hubieran podido ser resueltas debido a la influencia de que había gozado nuestro personaje, ahora, debido a su falta, se preguntaba premonitorio el funcionario estadounidense, en caso de que ocurriera alguna crisis económica ¿de dónde vendría la ayuda?

Según el Cónsul, había elaborado su informe basándose en fuentes “conservadoras” y de “alto nivel” (incluyendo a los bancos), y enumeraba que las empresas de Obregón, al momento de su asesinato, tenían los siguientes activos: un total en efectivo de apenas $1,236.39, a lo que se agregaba la existencia en bancos, de $13,582.62, en terrenos un total de $1,990,058.91, además de $382,796.88 en acciones.

Pero además, para comprender la salud financiera de estas compañías también debemos considerar un importantísimo sector de pasivos que las amenazaban, entre los que se hallaban los siguientes: adeudo a bancos $223,005.07, adeudo a la Comisión Monetaria $1,378,987.92, un cuantioso $1,521,007.06 en créditos a largo plazo o también $1,202,440.16 en adeudos a diversos prestamistas.

Y todo esto ocurría precisamente, recordemos, durante el inicio de los años de la Gran Depresión económica global, al comenzar los años de crisis financiera y económica mundial, para afrontar la cual se contaba con un fondo de reserva de apenas $2,026,051.76

En otras palabras, a la muerte de Obregón sus negocios no se encontraban en bonanza, por lo que nos podemos hacer dos preguntas que de seguro el cónsul intentó transmitirle a sus superiores. La primera pregunta, ¿Qué había sucedido? estaba dirigida hacia el pasado, mientras que la segunda iba dirigida al futuro, ¿Cómo se resolvería este problema? aunque hoy, después de tantos años transcurridos desde entonces, ya sabemos lo qué pasó.

Y en relación con esa segunda pregunta, posiblemente la mejor respuesta nos las proporcione el historiador Héctor Aguilar Camín, quien en Saldos de la Revolución, escribió: "El centro ideológico, empresarial y monopólico de esa tarea de modernización fue, a partir de 1917, el general invicto de Huatabampo. Entre 1917 y el día de su muerte, Obregón levantó ahí el verdadero monumento perdurable de su posteridad: la ciudad que lleva su nombre y las bases materiales del entorno agrícola, técnico y mercantil que la hicieron posible."

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